© PAMIJU Noviembre 2012 "Habéis destruido lo que era único en el mundo y habéis puesto en su lugar lo que puede verse en cualquier parte". Se le atribuye al emperador Carlos V esta frase lapidaria, el mismo que permitió la construcción de una gran nave cristiana justo en medio de la antigua mezquita. Aunque es cierto que esta obra supuso una gran transformación del edificio árabe, éste ya había sufrido otras muchas alteraciones desde la conquista cristiana de Córdoba, en 1.236. Pareciera que el conjunto de capillas, ornamentos religiosos y modificaciones en los accesos que se habían incluído poco a poco, avisaban de que la gran transformación estaba por llegar. Pero no olvidemos que la contrucción de la mezquita misma fue un proceso lento que duró varias generaciones y que, aún dentro del marco de construcción islámico, cada una de ellas fue dejando huella de su propio estilo arquitectónico. Inició Abderramán I y tras sucesivas reformas y ampliaciones de Hisham I, Abderramán II, Abderramán III, Alhakén II y Almanzor, quedo el edificio listo para la intervención cristiana. Es cierto que al entrar por primera vez en el edificio, el bosque de columnas árabes impresiona y desborda. A medida que se profundiza en la visita nos damos cuenta, o tal vez no, de una mezcla de culturas, de civilizaciones diferentes que para muchos puede resultar un símbolo de convivencia y paz. No nos engañemos, las construcciones cristianas realizadas en la mezquita fueron fruto de una conquista militar. Fue al mismo tiempo, construcción y destrucción, aunque en este caso sea más bien destrucción parcial o no completa. Pero es que la propia historia y prehistoria nos ha mostrado que así es la naturaleza del hombre. Cuando una civilización conquista por la fuerza a otra, parece que la tendencia natural es eliminar todo lo que recuerde a la conquistada para sustituirlo por las instituciones y símbolos de la conquistadora. Es preceptivo recordar aquí que el origen de la misma mezquita fue el principal templo cristiano de la ciudad, la Basílica de San Vicente Mártir, que aunque inicialmente fuera compartida por cristianos y musulmanes, acabó siendo expropiada y destruida. Y según cuentan las leyendas del lugar, la misma Basílica, de origen visigodo, se construyó sobre un templo al Sol de la época del imperio romano. Y es que realmente lo que impresiona, lo que emboba del ejemplo de la Mezquita- Catedral, es lo fútil del individuo cuando el devenir del tiempo marca lo que es y lo que no es, lo que será y lo que no será.